Ah corazón! Mi corazón,
ya no puede anónimamente seguir latiendo,
como si la sangre no tuviese motivo alguno,
para hacer valer lo que cuesta que se derrame.

Ah de mi tibio corazón!
Que se enamoró desde el vientre materno
de la figura perfecta que moldea la vida femenina,
e inquieto entre provincias eleva su bandera.

El destino trajo a nosotros como hojas sedientas,
estos ojos almendra de gitana enjaulada;
trajo sus manos frías y esa voz de lluvia,
que mi piel desértica, hace millas esperaba.

Yo me hice un parapente para planear entre sus nubes,
y sus vientos me llevaron a un paraíso de verde espiral;
me descalce el pasado sazonado con segundos platos,
y ella me endulzó los labios con el néctar de sus futuros.

Ah de este solitario corazón!
Que se encuentra con uno semejante,
y se acompañan hoy por siempre en la soledad
de no querer pintar el amor como todos los demás.

Bienaventurados entonces los solitarios de corazón,
que cuando se encuentran descubren el verdadero amor.

Niorv Ogrin

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